domingo, 12 de julio de 2009

El hombre convertido en mito

(Publicado en Semana ed. 1415)

El 3 junio de 1968 la escritora feminista Valerie Solanas intentó asesinar a Andy Warhol. Dice la leyenda que las heridas fueron tan graves, que Warhol estuvo medio minuto muerto. Solanas entró al estudio del artista en Nueva York -conocido como The Factory, célebre por sus fiestas y por ser el hogar de modelos, célebres herederas, travestis y estrellas de rock- y le disparó tres veces. Sobre este incidente Warhol comentó: "Antes de que me pegaran un tiro pensaba que estaba aquí más a medias que por entero: siempre creí estar viendo la tele y no la vida real."

Warhol, quien hasta ese momento había ironizado tanto el arte como la sociedad de consumo norteamericana con sus célebres latas de sopa Campbell's; que había levantando una gran polémica al replantear el concepto de fama al crear íconos de las imágenes de los criminales más buscados y quien había inmortalizado en retratos a Marilyn Monroe (después de su muerte) y a Jacqueline Kennedy (después del asesinato de su marido), se había convertido en una víctima más de esa sociedad norteamericana que aparecía en sus obras, en donde fama y violencia se unían indistintamente: "Pero ser famoso no es tan importante. Si yo no lo fuera, no me habrían pegado un tiro por ser Andy Warhol".

Pero antes de que Warhol se convirtiera en un ícono del arte pop, era simplemente Andrew Warhola, hijo de inmigrantes checos, nacido en Pittsburg en 1928, que pasó gran parte de su infancia recluido en su cuarto recortando fotos de celebridades y leyendo cómics: "Cuando era niño pasaba mucho tiempo enfermo, sentía esas temporadas como pequeñas interrupciones. Pausas internas. Jugando con muñecas". Aprovechando su talento como dibujante, a los 21 años se trasladó a Nueva York. Tiempo después se operaría la nariz y se haría un tratamiento en la piel para borrar las consecuencias de la escarlatina que había sufrido cuando niño. Comenzaría a teñir su pelo de blanco, a usar maquillaje y pelucas y a construirse a sí mismo como un personaje extravagante: "Los problemas de 'viejos' me parecían más fáciles de resolver que los problemas de 'jóvenes'. Entonces decidí tener canas para que nadie pudiera saber qué edad tenía y para que les pareciera más joven de lo que ellos creyeran que sería. Cuando tienes canas, cada movimiento que haces parece 'joven' y 'ágil' en lugar de ser tan sólo normalmente activo. Así pues, me teñí el pelo de blanco a los 23 ó 24 años".

Fue en ese momento en el que Warhol comenzó una exitosa carrera como diseñador gráfico, primero realizando dibujos publicitarios para zapatos y carátulas de discos, y posteriormente, con ilustraciones para revistas de moda como Vogue y Harper's Bazaar. En 1962 expuso por primera vez su obra en la Stable Gallery de Nueva York. Allí introdujo obras emblemáticas sobre la cultura norteamericana como 100 Soup Cans, 100 Coke Bottles y 100 Dollar Bills. Sobre su fijación por el consumo, Warhol comentaría en su libro Mi filosofía. De A a B y de B a A: "Lo bueno de este país es que Estados Unidos empezó la tradición por la cual los consumidores más ricos compran esencialmente las mismas cosas que los pobres. Puedes estar mirando la tele y ver una Coca-Cola, y puedes saber que el presidente bebe Coca-Cola, Liz Taylor bebe Coca-Cola, y tú también puedes beber Coca-Cola".

Estas obras dieron paso a múltiples discusiones en el mundo del arte, especialmente instigadas por el teórico norteamericano Arthur Danto, quien formuló que lo que diferenciaba las ordinarias botellas de Coca-Cola de las botellas de Warhol era que éstas se encontraban dentro de una galería, rodeadas de una atmósfera artística y de un artworld (mundo de arte) y que eso era lo que las convertía en una obra. Fue el mismo Danto el que posicionó a Warhol a la altura de un ícono estadounidense al postular que su obra ponía fin a la historia del arte, pues calcaba la realidad de tal manera, que se hacía ya imposible para otros crear un artificio.Warhol también trascendió la clásica imagen del artista. No era gratuito que su estudio se conociera como The Factory (La fábrica), pues él era, sobre todo, la cabeza de una producción que se asemejaba más a lo industrial que a lo artístico. Hecho que no lo atormentaba, sino que era motivo de orgullo: "El arte de los negocios es el paso que sigue al arte. Es mucho mejor hacer arte comercial que arte por el arte".

Entre 1963 y 1968 Warhol realizó más de 60 películas. En ellas, al igual que en muchas de sus obras, buscaba retratar la realidad tal como era. Sleep, de 1963, muestra al poeta John Giorno mientras duerme, durante cinco horas sin cortes ni edición. Blow Job muestra un plano continuo de la cara del actor DeVeren Bookwalter mientras recibe una felación. Empire muestra durante ocho horas la imagen del Empire State Building al anochecer. Películas que se alejan del cine tipo Hollywood y que se acercan más a la críptica visión que tenía Warhol del cine: "El mejor ambiente que se me puede ocurrir es el de una película, porque es tridimensional físicamente y bidimensional emocionalmente". La última película que filmó fue Women in Revolt, de 1971, una sátira del feminismo protagonizada por tres travestis. Sin embargo, continuó produciendo películas para el cineasta Paul Morrisey.

Durante las décadas de los 70 y de los 80 Warhol vivió bajo una de sus máximas: "Ser bueno en los negocios es la más fascinante de las artes". Realizó algunas obras de pintura abstracta en donde orinaba en los lienzos, emulando el trabajo de Jackson Pollock, y satirizaba a los expresionistas abstractos norteamericanos. Pero su trabajo en sí se centró en los retratos por encargo de celebridades como Mick Jagger, Liza Minnelli, Diana Ross y Michael Jackson. Hasta diseñó la carátula del disco Made in Spain (1983) de Miguel Bosé. Se entregó a las fiestas neoyorquinas del club Studio 54 en donde actuaba como un tímido observador, temeroso del contacto físico y paranoico pues, como relató Billy Name, después del atentado de Solanas: "Estaba tan impresionable, que no podías tocarle sin que saltara".

Andy Warhol, el ícono del pop quien acuñó el término "15 minutos de fama" y quien siempre soñó con tener su propio programa de televisión -dedicado sólo a él y que se llamara Nada especial- murió el 22 de febrero de 1987 a causa de una complicación cardíaca. El hombre que llevó la frivolidad y la vida cotidiana a los museos hizo de sí mismo un personaje que se asoció con la fama y con el estatus de superestrella. Sobre la manera como vivía comentó alguna vez: "Cuando quieres parecerte a algo, significa que en realidad lo amas. Cuando quieres ser como una roca, amas realmente esa roca. Yo amo ídolos de plástico".

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